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Posted by : Fernando Marcos lunes, 17 de agosto de 2015







Estrictamente es un baño turco, pero también es un lugar de reunión social. Herederos de las termas romanas, estos establecimientos disponen de piscinas de agua fría, templada y caliente, además de una sala de vapor, o baño turco, y otra de masaje con aceites aromáticos.
Siguiendo la tradición romana del encuentro político y social en las termas, la cultura del hammam se extendió por todo el mundo islámico medieval, desde Oriente Medio hasta al-Ándalus. Se popularizaron especialmente durante el Imperio Otomano y es tal vez por ello, que encontramos algunos espléndidos ejemplos de hammam en ciudades de larga tradición musulmana como Estambul.
También en España tenemos muy buenos ejemplos, como los de Barcelona, Granada o Málaga, que aprovechan las estructuras construidas por los árabes en sus siglos de vida en la península.

Características propias del hammam


Estamos hablando de un baño donde el protagonismo se lo lleva el agua. Un espacio wellness, sí. Y algo mas. Aquí todo gira alrededor del murmullo y las sensaciones que provoca el agua y la humedad generada por su presencia. Los baños hammam tienen una atmósfera de alta humedad y temperatura cálida. Este ambiente de calor húmedo estimula la circulación y provoca una agradable sensación de bienestar en todo el cuerpo.
El vapor cálido y húmedo abre tus pulmones, los despierta del letargo de la ciudad y ayuda a eliminar las impurezas que tenemos tanto fuera como dentro de nuestro cuerpo. Los perfumes de esencias naturales como la menta o eucalipto suspendidos en el aire húmedo del hammam ayudan a que tu piel sude limpiándose mientras desecha toxinas y a que tus pulmones cambien de aire.
Como dijimos, el hammam incluye varias estancias. El acceso debe ser una verdadera antesala de la experiencia: ambiente relajado, colores que acompañan, perfume en el aire,luz tenue y música suave. Luego pasas a las piscinas, generalmente pequeñas y decoradas con motivos árabes aunque pueden ser de grandes dimensiones también. Lo importante aquí es que sean aptas para el encuentro social.
Antiguamente, los visitantes se sentaban en las bancadas dentro y fuera de las piscinas para departir sobre temas sociales o políticos de la comunidad. Hoy, visitar un hammam con amigos, o con tu pareja, provoca la charla y la relajación en compañía.

El ritual del hammam 


El ritual del hammam exige que pases por distintos espacios a distintas temperaturas: entre los 37 y los 46 gradosEl agua siempre te acompaña: en duchas, en piscinas, en canales junto al corredor que lleva de una estancia a otra, en bancadas de mármol donde te relajas mientras el agua te roza, en pequeños cuencos siempre a mano para que te mojes el cuerpo, en fuentes y senos con grifos de agua fría.

¿Cuánto tiempo puedes estar allí? Todo el que quieras. Relájate y deja que el aire cálido y húmedo y el agua tibia entablen un diálogo con tu piel. No te apures de una fuente a otra. Date tiempo para dejarte estar, recostada sobre el mármol o las bancadas, escuchando la música o hablando en voz baja con tus acompañantes. Mójate, comparte el cuenco para que hagan lo mismo tus amigos.
No te preocupes por cuestiones prácticas. Si tienes pudor, llévate un bañador y usa las toallas del hammam para sentarte sobre ellas en las bancadas, o para secar el exceso de agua o transpiración. Usa chanclas para no resbalar con el agua en el suelo.
Una vez que recorres las piscinas, fuentes y salas a distinta temperatura, lo ideal es completar la experiencia del hamam con un masaje de exfoliación. Este tradicional masaje se realiza con jabón negro,con esencias naturales, y un guante de crin o kessa. Un masaje de exfoliación que además tonifica la musculatura y provoca un agradable resultado final: relajación, frescura, ligereza. Tu piel (tu cuerpo entero) se siente liberada de toxinas, revitalizada, rejuvenecida, humectada.
Este masaje siempre va acompañado también del agua. Los masajistas suelen echar cubos de agua tibia en la camilla y lavan tu cuerpo del exceso de jabón y, en ocasiones, retan a tu cuerpo con un buen chubasco de agua fría.
En la versión “turca” de esta experiencia un masajista (siempre un hombre), hace una densa espuma del jabón natural con esencias sobre tu espalda, y con ella masajea tu cuerpo extendido en el suelo de mármol, para luego lavarlo con cubos de agua tibia. 
Por supuesto, luego del masaje con kessa, o del simple paso por las piscinas, se impone un rato de relajación. Para ello, los hammams cuentan con la sala de té, donde bebes infusiones de hierbabuena, menta o distintos tés. Tómatelo con calma. Imprescindible.








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